Convivir con la diabetes conlleva controlar la alimentación. Una nutrición adecuada es uno de los pilares para el buen control y tratamiento de la diabetes, junto con la actividad física y el tratamiento farmacológico.

Esto, no obstante, no significa que no se pueda comer de todo, sino tan solo que habrá que tener en cuenta qué, cuánto y cuándo se come de cada grupo de nutrientes. El objetivo es tener bajo control los niveles de glucosa en sangre, evitando que se eleven demasiado pero también que bajen en exceso. Consumir más hidratos de carbono de lo requerido puede provocar una hiperglucemia, pero no consumir los suficientes puede acarrear la situación contraria, una hipoglucemia.

Como regla general, se recomienda seguir una dieta saludable y equilibrada, rica en frutas y verduras y con bajo contenido en grasas saturadas e hidratos de carbono refinados. Dependiendo de las necesidades particulares de cada persona con diabetes, los profesionales sanitarios podrán hacerle recomendaciones específicas en cuanto a la composición de la dieta, atendiendo a qué tipo de diabetes padece y la necesidad de manejar cualquier complicación que haya podido surgir.

En cuanto a la alimentación, apenas hay diferencias entre las recomendaciones para las personas que padecen diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2. La principal diferencia radica en si, en las personas con diabetes tipo 2, es necesaria la inyección de insulina o la toma de medicamentos secretagogos que aumenten su producción en el páncreas, o no. En caso afirmativo, así como en la diabetes tipo 1, se deberá prestar especial atención al consumo exacto de la cantidad adecuada de hidratos de carbono y no saltarse ninguna comida para evitar que se produzcan hipoglucemias.

Dependiendo de la pauta de administración de insulina u otra medicación, también puede ser necesario respetar unos horarios establecidos para las comidas. Además, igualmente puede ser aconsejable incluir pequeños refrigerios entre las comidas principales.

Composición alimenticia de la dieta
La distribución de los nutrientes de la dieta para las personas con diabetes es la misma que se recomienda a la población general. Eso sí, la composición de la dieta deberá individualizarse, atendiendo tanto a la situación clínica de cada paciente como a las facilidades para su cumplimiento. Por lo que se refiere al contenido calórico, este debe ser el suficiente para alcanzar y mantener un peso corporal razonable. En el caso de los pacientes con diabetes tipo 2 con sobrepeso u obesidad, la reducción de peso será el principal objetivo terapéutico. La restricción calórica y la consiguiente pérdida de peso supondrá una mejoría en el metabolismo de los hidratos de carbono, disminuirá la resistencia a la insulina y mejorará la función de las células beta del páncreas, por lo que a menudo se podrá reducir o suprimir la administración de insulina o antidiabéticos orales.

En cuanto a la distribución de los macronutrientes, como pautas generales destacan las siguientes:
Hidratos de carbono. Los carbohidratos son la fuente principal de energía. Su digestión genera glucosa que pasa a la sangre para ser distribuida por el organismo. Las personas con diabetes tienen problemas para hacer que las células utilicen la glucosa y evitar que los niveles de azúcar en sangre excedan los máximos saludables, por lo que deberán evitar ingerir estos nutrientes en exceso, por el riesgo de hiperglucemia. En particular, deben restringirse los azúcares simples, como los presentes en zumos y néctares, refrescos y alimentos procesados a partir de harinas refinadas. La cantidad y horario de toma de los hidratos de carbono se debe adaptar a la pauta farmacológica y a los hábitos de ejercicio físico. Según el tipo de tratamiento habrá más o menos flexibilidad en su toma.

Proteínas. Las fuentes principales de proteínas son la carne blanca y magra, el pescado, los huevos, las legumbres y los frutos secos. Su ingesta podrá representar del 10% al 30% del aporte calórico total, tanto si son de origen animal como vegetal. Para las personas con neuropatía diabética, una de las posibles complicaciones de la diabetes, se recomienda restringir su ingesta diaria a un máximo de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso.

Grasas. El porcentaje de energía procedente de la grasa se determinará en función del peso corporal, las glucemias y el perfil lipídico de cada persona. Los niños necesitan un aporte de grasas para su adecuado crecimiento mientras que las personas mayores, en particular si tienen sobrepeso u obesidad, es más probable que necesiten reducir su ingesta. En las personas adultas con un peso saludable y con niveles de lípidos plasmáticos aceptables, la grasa puede representar el 30% de la energía total. Estos lípidos deberán ser, en su mayor parte, grasas insaturadas procedentes, por ejemplo, del aceite de oliva, el pescado azul o los frutos secos, con un máximo del 10% correspondiente a grasas saturadas de origen animal, como la mantequilla y la presente en las carnes rojas, y que la ingesta de colesterol no deberá superar los 300 mg/día.

Fibra. La fibra hace que la absorción de los azúcares sea más lenta, lo que evita que se produzcan picos de glucosa tras las comidas y que su nivel en sangre se mantenga más estable durante más tiempo, evitando así también el riesgo de hipoglucemias. Las recomendaciones de ingesta de fibra son similares a las del resto de la población no diabética: 20-30 g/día.
En resumen, las personas con diabetes deben tener una alimentación variada, ajustada a sus necesidades nutricionales específicas y sin tener prohibida ninguna fuente de nutrientes, aunque sí se deberá restringir la cantidad y frecuencia de ciertas comidas, especialmente los dulces, la repostería y las bebidas azucaradas.

El consumo de alcohol, en adultos, deberá ser siempre con moderación y durante alguna comida, pues altera el metabolismo de la insulina y puede provocar hipoglucemia.